La Noticia Animalista del Mes: Ángel, el delfín albino

14-02-14

Japón decepciona un año más.

por Cristina Genover
La historia de Angel, el delfín albino, no tiene final feliz. Ahora flota en una piscina en el Museo de las Ballenas de Taiji, Japón, que en nada puede compararse con el océano del Atlántico Norte.
 
El delfín Ángel, que tiene menos de un año de edad, fue conducido junto con su grupo de 250 delfines nariz de botella hasta la infame cueva de Taiji, donde año tras año los pescadores japoneses, movidos por la avaricia y amparándose en la carta blanca que da la tradición, llevan a cabo la matanza de Taiji. Una vez allí, empieza un proceso de selección que suele durar varios días.
 
Según los “guardianes de la cueva”  de la organización Sea Shepherd, que presencian impotentes las masacres, Ángel fue el primer delfín seleccionado para el cautiverio.  Generalmente se seleccionan los delfines más “guapos” para ser vendidos a los delfinarios, esto es, sin cicatrices visibles. El segundo grupo es el de los delfines que serán brutalmente masacrados y cuya carne es vendida para el consumo humano a pesar de estar llena de mercurio y otras toxinas nocivas. Los que no sirven para una cosa ni para otra son reconducidos mar adentro tras la estresante experiencia de ser acorralados durante varios días en la cueva mientras el mar se tiñe de un intenso rojo a su alrededor. 
 
No es de extrañar que Ángel resultase ser extremadamente atractivo para los comerciantes japoneses, que venden los delfines de Taiji a delfinarios de toda Asia. Mientras tanto, un país supuestamente desarrollado rechaza unirse a los esfuerzos mundiales y regulaciones para la protección de los mamíferos marinos. Parece increíble que la matanza de Taiji fuera desconocida para el mundo hasta 2003.  
 
La embajadora de EEUU en Japón condenó esta práctica en las redes sociales, lo cual resulta algo irónico teniendo en cuenta que los delfinarios en EEUU mueven una industria de 840 millones de dólares al año.
 
El polémico documental Blackfish, en el que algunos ex-entrenadores de Sea World (Orlando) exponen las crueles prácticas del delfinario y cuentan como la orca Tilikum fue responsable de la muerte de dos de sus entrenadores, han reabierto el debate sobre el mantenimiento de orcas en cautiverio. Pero el momento más conmovedor de Blackfish es el que cuenta como la orca Kasatka lloró durante días cuando su cría Takara fue trasladada a otro parque, y emitió lo que los expertos  identificaron como sonidos de larga distancia para llamar a Takara. El documental ha sido tachado de parcial y de explotar la tragedia de la muerte de la entrenadora pero la realidad es que Sea World ha tenido la oportunidad de explicar su lado de la historia y se ha negado a hacerlo en varias ocasiones. Blackfish no está nominada a los premios Oscar de este año lo cual me da la impresión que no es más que otro ejemplo del gran alcance del poder que tiene Sea World.
 
Teniendo en cuenta que los cetáceos son animales extremadamente inteligentes que tienen sentimientos complejos parecidos a los de los seres humanos debemos plantearnos hasta cuándo tendremos orcas de varias toneladas nadando en piscinas y delfines haciendo piruetas al son de Lady Gaga por una mísera sardina. Yo nunca volveré a comprar ticket para un delfinario. Y el día que mis hijos vean un delfín por primera vez será en el mar. Eso si los japoneses dejan alguno.

 

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